A las 8.05 de la mañana, cuando el Campamento Esperanza comenzaba a desperezarse de otra fría noche en el desierto de Atacama, la campana de la pequeña escuela levantada aquí para que los niños no pierdan clases comenzó a repicar frenética. Era la señal más esperada en la mina San José desde hace unos días: el plan B, comandado por la perforadora T130, rompía a 622 metros de profundidad el techo de galeríadonde desde el 5 de agosto 32 mineros chilenos y uno boliviano están atrapados luego de que el pequeño yacimiento de oro y cobre se derrumbara, tragándose al primer turno de ese fatídico día.
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